Este articulo fue publicado en venezuela tras la muerte de Nicolas Neira a manos de antidisturbios durante la marcha del 1 de mayo, el autor del mismo tuvo que escribirlo en Caracas ya que debido a problemas de seguridad tuvoque abandonar el país por algun tiempo.
HAY VA.
MUERTE "ACCIDENTAL" DE OTRO JOVEN ANARQUISTA
Como siempre ha pasado a lo largo de la historia (y de nuestra historia como movimiento) los dueños del poder, los señores de la avaricia y de nuestra ruina, acompañados de sus esbirros tratan de doblegar o apagar los aires de rebeldía, dignidad y libertad de cualquier forma.
Pues bien, tres casos lo demuestran: Primero el de Juaquín Penina, un agitador anarquista Argentino, cuya profesión era albañil y quien apenas contaba con veintiséis años de edad al ser fusilado el 10 de septiembre de 1930. Su delito: imprimir y repartir volantes contra Uriburu, el presidente de aquel entonces. Penina era un anarquista de línea pacifista y su único crimen fue no doblegar su conciencia; sus últimas palabras frente al pelotón de ejecución fueron un legendario santo y seña: VIVA LA ANARQUIA!!!
Carlo Giuliani fue un anarquista que murió a los veintitrés años en una manifestación contra el G8 el 20 de julio de 2001, las calles de Génova ensordecieron frente a los gritos de dolor. Al joven luchador social una bala en la cabeza le obligó a cerrar sus ojos. Después del impacto del proyectil, tan duro como la cruda realidad, le pasó por encima de su cuerpo en dos oportunidades la camioneta donde se encontraba el artífice del disparo y su cuerpo quedó destrozado por todo el peso del poder. Dentro de ese auto teñido de sangre estaban sus verdugos (la policía), sus asesinos.
Estos son apenas dos ejemplos de trágicos desenlaces de compañeros anarquistas quienes a corta edad entregaron su vida, no en vano, pues cada acción que llevamos a cabo tiene un poco de ellos y un poco de tod@s l@s anonim@s que cayeron y seguirán cayendo. Pues bien, aquí está el tercer caso, esta vez le tocó el turno a un joven de tan sólo quince años, llamado Nicolás Neira Álvarez. Su muerte nos golpeó de forma tan abrupta como se destruye un sueño al despertar. Los hechos que marcaron su muerte tuvieron como escenario las céntricas calles de Bogotá, la capital de un país donde la injusticia, el hambre y el despotismo imperan; un lugar dentro del denominado “tercer mundo” donde, (de seguro para much@s), también hay personas de primera, segunda y tercera categoría. Dentro del marco de las luchas sociales y populares que se desarrollan en Colombia, nosotr@s l@s anarquistas decidimos salir a marchar el 1de mayo, fecha de la clase trabajadora, de amplio carácter anarquista y combativo. Decidimos salir como bloque, convocados por parte de la Coordinadora Libertaria Banderas Negras; de esta forma nos sumamos a la multitudinaria manifestación y marchamos por las calles del centro de Bogotá con organizaciones cercanas como: Sinaltrainal, tercer piso, somos sudakas, etc. Nosotr@s, jóvenes ingobernables, l@s nadies, l@s ningunead@s nos tómanos las calles por fuerza y voluntad gritando consignas y agitando banderas; la combatividad de algun@s rostros encapuchad@s se mezclaba con la música y algunas pancartas que deambulaban. Pero siempre sentimos encima el peso de la represión, pues un contingente del ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) rodeaba al Bloque anarquista y al conjunto de organizaciones y colectivos que se encontraban en afinidad con nosotr@s. De repente, entre las calles 19 y 18 sobre la carrera 7, empezaron los golpes, el olor nauseabundo a gas lacrimógeno, las balas de goma; en definitiva la represión había comenzado y dejaría un saldo trágico. En esos instantes algun@s nos percatamos de que el salvajismo de los “a-gentes” era mayor de lo habitual y en medio de la calle vimos nítidamente cuando un efectivo del ESMAD golpeaba a Nicolás en la cabeza y de manera casi instintiva lo recibieron alrededor de siete oficiales más en el piso con una orgía de golpes… golpes que aún resuenan en nuestras mentes. Después de la golpiza el cuerpo fue rodeado por estos policías, en su mayoría encapuchados y como de costumbre sin ninguna identificación visible; ellos en vez de llamar a una ambulancia como se les pidió reiteradamente, llamaron refuerzos y también empezaron a merodear policías de civil por el sector. Finalmente se rompió el redondel que dichos “a-gentes” habían montado y se procedió a llevar el cuerpo del pequeño Nico a un camión que estaba dentro de la marcha y a las pocas cuadras lo bajamos del mismo. Un amigo de Nico, un@s compas y una compañera de Sinaltrainal lo cargaron hasta la Carrera 4 y pararon un taxi que los llevó hasta el Hospital Centro Oriental de nivel II, situado en el barrio la perseverancia, eso fue a la 1:45 pm aproximadamente. A esta altura cabe mencionar también la negligencia de los médicos de sanidad de la policía responsables de la marcha ya que”…el médico de Sanidad Policial, por su formación y posición social, está facultado y en el deber de prever las consecuencias (riesgos) que se derivan para los involucrados en todas las operaciones policiales” tanto para sus miembros como para l@s afectad@s por ell@s.
40 heridos, un muerto Pero al parecer no les bastó con esto, los “tombos” querían más y así lo hicieron. Cuando estábamos llegando a la plaza de Bolívar para finalizar la marcha fuimos de nuevo reprimid@s. El balance final fue más de cuarenta compañer@s herid@s y Nicolás Neira Álvarez, quien revestía mayor gravedad. L@s grandes “revolucionarios” de la palestra y la concertación, cual veloz avestruz, saltaron desde las tarimas para esconder sus cabezas en terreno seguro. De este modo termina en la capital de Colombia el primero de Mayo del 2005 que de seguro a much@s nos cambió la vida. El pequeño Nico fue trasladado ocho horas después de llegar al Hospital Centro Oriental a una clínica de SaludCoop situada en la calle 104 con autopista Norte, este tuvo que ser en ambulancia medicada debido a la gravedad que revestía al paciente. En las primeras horas de la fría madrugada del 2 de mayo, sujetos de la policía llamaron en reiteradas ocasiones a los padres de Nicolás para entrevistarse con ellos, el padre del menor les pidió que se identificaran, lo único que dieron fue un apellido, esto le generó desconfianza y no cedió a las peticiones de los “a-gentes” de la fuerza publica. Al poco tiempo de la última llamada la policía intentó entrar a la sala de cuidados intensivos donde se encontraba Nicolás en estado crítico.
Desde ese día hasta la muerte de Nicolás hubo varias amenazas telefónicas, seguimientos, acosos, etc (hechos que aun hoy continúan). Un ejemplo claro de ello, fue en el mitin de solidaridad que se realizó frente al hospital donde estaba recluido el pequeño Nico. Varios policías de civil tomaron fotos y empezaron a circular en los alrededores carros filmando; finalizado el mitin, algun@s de l@s asistentes fueron seguid@s por una camioneta toyota blanca de vidrios polarizados y de placas BNP189 de la ciudad de Bogotá.
El estado de salud del pequeño Nico era muy grave, presentaba un trauma craneoencefálico severo, un edema cerebral, fractura occipital y por si fuera poco varias contusiones en todo el cuerpo. El joven compañero cierra sus fugaces ojos impregnados de libertad el seis de mayo en horas de la tarde. Todavía recordamos el dolor y la rabia que sentimos en esos momentos tan tristes. Finalmente el cuerpo de Nicolás es llevado al Cementerio Jardines de paz a las 11 AM del 8 de mayo, allí sólo enterramos su cuerpo pues su rebeldía aun late entre nosotr@s.
La policía en menos de una semana dio tres versiones distintas, la última de ellas, la que más daño causó, afirma que fueron los mismos manifestantes quienes lo matamos y que los sucesos se dieron entre una guerra de pandillas (punks, skins, rudeboys, etc). Esta ultima versión fue ampliamente difundida por los medios de comunicación (edición nocturna noticiero canal uno, 8 de mayo de 2005, por citar un ejemplo) mostrando su habitual complicidad. Recordamos que el esquirol izquierdista y alcalde de Bogotá señor Luis Eduardo Garzón no se molestó en tomar mayores acciones sobre los hechos, sólo se manifestó abriendo una investigación. A todas las luces se demostró su desinterés por el caso ya que no se vio a ningún funcionario de la alcaldía en el entierro del joven Nicolás, mientras que en la muerte de un auxiliar de policía, quien muere en prestación de su servicio (que se dio por esos días), él en persona va y por si fuera poco carga el féretro y a su vez ordena darle la prioridad al caso. Al poco tiempo dan con la persona que causó la muerte del uniformado.
La muerte de Nicolás Neira Álvarez no se puede separar del clima de represión política y social que se vive en Colombia, es más, es un crimen de Estado ya que funcionarios de la fuerza pública fueron quienes lo perpetraron. La política del Estado colombiano es de exterminio a los movimientos de oposición, estas medidas en el mandato de Álvaro Uribe y Compañía, AUC, se han incrementado notablemente. Las reiteradas violaciones a los derechos humanos por parte del ESMAD (grupo creado y dotado para reprimir) son tan sólo un eslabón más dentro de dicha estrategia. La actual “paraco-cracia” (dictadura disfrazada de sistema democrático y en cercana relación con grupos paramilitares) ha creado infinidad de mecanismos y organismos que se encargan de reprimir, torturar, aislar y exterminar físicamente a cualquier tipo de inconformidad frente al gobierno de turno.
A diferencia del Anarquista Salsedo, un inmigrante italiano, el pequeño Nico no voló por los aires desde la ventana del 14 piso de la comisaría central de Nueva York; fue brutalmente asesinado a golpes en las calles de Bogotá. En 1921 la muerte de Salsedo fue atribuida a un suicidio según la policía, en el 2005 la “fuerza publica” colombiana dice que a Nico lo mataron sus compañeros…Ojalá ésta no se convierta, como en la obra de Darío Fo, en otra muerte “accidental” de un anarquista.
NI VICTIMAS, NI VERDUGOS. NI PERDON NI OLVIDO.
Atarka